Allí fuera, frente al lago, estaba Jack. Tenía la ropa sucia y medio rota, como si hubiese acabado de participar en alguna pelea.
Emily estaba confusa, tenía miedo. El sol apenas iluminaba ya las sombrías calles de Seattle y estaba empezando a llover. Podía ver a Jack junto al lago, sí, estaba segura de que era él. Se quedó unos minutos contemplándolo mientras este permanecía quieto, inmóvil, como una estatua de hielo con las manos en los bolsillos sin saber que hacer.
La situación le estaba angustiando, tenía un extraño presentimiento. Algo no iba bien. Algo extraño estaba pasando...
Aunque no conocía a Jack en profundidad, Emily lo había visto infinidad de veces. Ambos tenían una extraña relación a escondidas…
La diferencia de edad entre ambos no era mucha, apenas se llevarían unos seis años, aunque éste parecía algo mayor. Estaba bastante desarrollado para su edad y su forma de comportarse tampoco encajaba con la del resto... Jack no era un chico jovial y alegre como los demás niños del barrio; tampoco se metía en trifulcas y solía estar siempre solo, así que era conocido por todos como “el chico raro”.
Desde un poco tiempo después de que la familia Brown decidiera mudarse a Lakeside, solían intercambiarse miradas todas las tardes desde sus respectivas habitaciones. Jack siempre miraba a Emily de forma extraña desde su habitación, como si quiera decirle algo mas con la mirada de lo que ésta pudiera intuir…
La familia de Jack no era bien recibida en el zona. Las malas lenguas siempre hablaban de su desconocida procedencia y de lo extrañas que eran sus formas, así que nadie en Lakeside que se preciase, tenía relación con ellos.
Cuando esa misma tarde, la madre de Jack se acercó a Emily para preguntarle, ésta no supo que decir. No entendía porque creía que ella podría saber donde se encontraba su hijo. Bien es cierto que Emily era la única en el barrio que había cruzado alguna vez palabra con alguien de la familia Brown, pero estas habían sido por educación y bastante escuetas por su parte. Elise, la madre de Jack siempre se había mostrado amable con Emily. Parecía interesarse por la vida privada de ésta, pero ella estaba convencida que no era más que simple educación, ya que era la única en todo el barrio con la que podía hablar... porque el resto de vecinos parecían huirles.
Tras múltiples intentos de acercarse hacía Jack en vano, Emily intentó llamarle de un grito, aunque ésta nunca encontró respuesta. Jack seguía allí, embebido delante del lago. Algo le tenía totalmente atrapado. Finalmente, se decidió a avanzar hacia a él. No podía pasar nada malo se repetía cada dos pasos… así que fue poco a poco, despacio, con pasos pequeños y asegurándose de que el crujir de las hojas a su paso alertara a Jack de que ésta se estaba acercando. Cuando ya estaba a medio camino pensó en gritarle de nuevo para que se girara, pero el viento ahogaba su voz y apenas se podía escuchar a ella misma mientras gritaba su nombre cuando…. vio que Jack no estaba solo.
Emily se quedó en estado de shock, con los ojos abiertos, mientras su mente intentaba alertar a su cuerpo de que diera media vuelta y echara a correr pero… ya era demasiado tarde.
Rachel.